El 11 de agosto de 1990, hace 26 años para ser exacto, la Academia Sueca dio a conocer al mundo al escritor que sería acreedor a la presea que honra a las letras. Es así como el literato mexicano se convierte en el primero de su nacionalidad en obtener tal galardón: Octavio Paz gana el Premio Nobel de Literatura.

“Porque mira al mundo como si lo pronunciará. Su poesía consiste, en gran medida, de la escritura con y sobre las palabras. Se trata de exquisita poesía amorosa a la vez sensual y visual. Obras en las que Paz se vuelve hacia el interior de sí mismo de una manera nueva”, se declaraba en el comunicado que hacía oficial el premio para el escritor de El Laberinto de la Soledad. Mientras que por su parte, Paz se encontraba en Nueva York debido a que ofrecería una conferencia en el Metropolitan Museum por petición de Naciones Unidas.

El escritor, ya antes galardonado con el Premio Cervantes (1981), puntualizó en aquel inesperado momento que continuaría  escribiendo, “ya que la fama es peligrosa y hay que luchar contra ella con ironía”.

Al llegar el ocho de diciembre del mismo año, en la ciudad de Estocolmo, el ensayista azteca ofreció un discurso de 48 minutos titulado La búsqueda del presente. En aquel evento asistieron grandes personalidades de la cultura y la política, entre ellos el ex-presidente Miguel de la Madrid Hurtado.


“Gracia es perdón, indulto, favor, beneficio, nombre, inspiración, felicidad en el estilo de hablar o de pintar, ademán que revela las buenas maneras y, en fin, acto que expresa bondad de alma. La gracia es gratuita, es un don; aquel que lo recibe, el agraciado, si no es un mal nacido, lo agradece: da las gracias. Es lo que yo hago ahora con estas palabras de poco peso”. Fragmento del discurso de Octavio Paz en Suecia.


Octavio se consagró en las letras latinoamericanas por su magia como ensayista, poeta, escritor, entre otras; dedicando parte de su vida también al periodismo y a la lucha sociopolítica.

Oriundo de la colonia Mixcoac, con un padre inmerso en plena Revolución Mexicana, Paz tuvo su primer contacto con la literatura en la basta biblioteca de su abuelo, quien sería pieza fundamental en su crianza.

Sus numerosos viajes, así como su sinergia literaria y política lo llevarían a dominar varios idiomas, además de entablar relaciones internacionales, como en caso cuando fue embajador en la India, pero desertó del puesto en modo de protesta por el atentado a los estudiantes en 1968.

Sus trabajos hablan por si solos, encontrado una gran variedad, por ejemplo la obra de teatro La hija de Rappaccini, ensayos como Arco y lira y prosas ¿Águila o sol? A continuación ofrecemos una pequeña recopilación de poemas que, el fallecido escritor en 1998, dejó de herencia para la literatura hispanohablante:

Epitafio para un poeta

Quiso cantar, cantar
para olvidar
su vida verdadera de mentiras
y recordar
su mentirosa vida de verdades.


Salvas

Torre de muros de ámbar,
solitario laurel en una plaza de piedra,
golfo imprevisto,
sonrisa en un oscuro pasillo,
andar de río que fluye entre palacios,
dulce cometa que me ciega y se aleja…

Puente bajo cuyos arcos corre siempre la vida.


Palpar

Mis manos
abren las cortinas de tu ser
te visten con otra desnudez
descubren los cuerpos de tu cuerpo
Mis manos
inventan otro cuerpo a tu cuerpo.


Tu nombre

Nace de mí, de mi sombra,
amanece por mi piel,
alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,
tímida sobre mi hombro.


Relámpago en reposo

Tendida,
piedra hecha de mediodía,
ojos entrecerrados donde el blanco azulea,
entornada sonrisa.
Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león.
Luego te tiendes,
delgada estría de lava en la roca,
rayo dormido.
Mientras duermes te acaricio y te pulo,
hacha esbelta,
flecha con que incendio la noche.

El mar combate allá lejos con espadas y plumas.

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