A la periferia de una de las colonias más famosas, La Doctores, y la intersección con La Roma Norte, se encuentra un pequeño local que durante el día permanece dormido, latente a que llegue la noche y con ella los clientes.

El giro de merendero no es algo tan común que se encuentre en los pequeños restaurantes de la ciudad, ya que Biarritz lejos de ofrecer una charola de tacos como en cada esquina o un plato con quesadillas, tiene un menú mucho más interesante y sobretodo con historia.

El rey de la casa es el famoso caldo de gallina, acompañado con muslo, pierna, deshebrada, mollejas, alón, etc. También abundan las tortas, pero sobresale la de pierna al horno, aunque ésta la podemos encontrar en forma de tacos. La variedad es impresionante, ya que los tamales (verdes, rojos y de dulce) también forman parte de la comanda. Si es el caso que la comida se convirtió en cena, cuentan con el guisado del día o puerco en salsa verde.

El actual lugar lo conservan desde la década de los 90. Foto: Arturo Ordaz.
El actual lugar lo conservan desde la década de los 90. Foto: Arturo Ordaz.

Desde el primer momento al entrar al lugar, se convierte en una viaje al México de hace 50 años, donde pareciera que las mesas, sillas y ollas a la vista, guardaran secretos y parte de la historia de nuestro país. Esa calidez anaranjada, que envuelve de manera cordial a cualquier comensal, se convierte en el ambiente preciso para elevar los sentidos a un viaje sin retorno con una simple mordida o una cucharada.

“¿Recuerda los puestos de la calle, esos de las películas viejas? Así comenzó este negocio hace 60 años, en 1956, aseguro el amable hombre que cobrara las cuentas y dirigía la orquesta culinaria. “Este era un puesto en la calle que estaba atrás del Cine México. Con el regente Ernesto P. Uruchurtu, se tuvo que migrar a un local, ya que quitó todos los negocios improvisados y construyó mercados”.

El hijo de la actual dirigente, comenta que los tiempos han cambiado, el México de entonces era otro, uno que jamás dormía. Asegura además que su madre comenzó a trabajar desde muy joven en el puesto, viendo pasar a todos y de todo. “Había gente toda la noche, empezaba la televisión y venían a comer los que salían en aquellos años, como Maria Victoria  y Jacobo Zabludovsky. Aquí cenaban desde artistas hasta los niños que vendían periódicos en la calle”, puntualizó.

Seis décadas sirviéndole de comer a la historia, sin importar quien sea. Foto: Arturo Ordaz
Seis décadas sirviéndole de comer a la historia, sin importar quien sea.
Foto: Arturo Ordaz

Los tiempos han cambiado y con ello el menú, ya que aseguró que en décadas pasadas sólo de vendía caldo de gallina, mucho caldo. Además de los famosos tacos dorados y suaves que en ese entonces eran de barbacoa: “Ahora la barbacoa es carísima, por eso ya no se hacen. Vendía más, todo cambia”.

Por la actividad comercial interminable, en esas décadas relata que se abría a las seis de la tarde hasta las cinco de la mañana, donde los clientes nunca faltaban.

Posterior a haberse mantenido en el local de asfalto atrás del entonces Cine México (Av. Cuauhtémoc y Álvaro Obregón, Col. Roma Norte), se instalaron en un establecimiento cercano al actual, pero este fue demolido y de esa manera en década de los 90 llegan al sitio donde hasta hoy en día permanecen.

El horario ahora se conserva de siete de la noche a dos de la mañana. En cuanto a qué días abre, una semana se trabaja de lunes a domingo y la siguiente sólo se cierra el martes. Por lo tanto hay que estar atentos, además de procurar llegar temprano porque las cosas se acaban conforme va llegando la gente, como el famoso atole que los caracteriza.

Y tú, ¿ya sabes qué vas a pedir?

Doctor Lucio 156 y Doctor Velasco, colonia Doctores.

 

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