El pasado 10 de noviembre la Academia Mexicana de la Lengua, en el auditorio del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, recordó a Clementina Díaz y de Ovando a través de los emotivos discursos de Vicente Quirarte, Fernando Serrano Migallón y Miguel León Portilla. Este último por problemas de salud le fue imposible asistir al recinto, pero a través de un video hizo llegar a todos los presentes la admiración, estima y cariño que guarda a Díaz y de Ovando. En su lugar estuvo Jaime Labastida, quien de igual forma proporcionó amenas palabras hacia la figura y labor de la investigadora emérita por parte de la UNAM.

15034201_745954042228464_1356095809_o
Miembros de la Academia Mexicana de la Lengua que estuvieron a cargo de la conmemoración. De izquierda a derecha, Vicente Quirate, Jaime Labastida y Fernando Serrano Migallón.

Fue Labastida quien dio apertura al evento, otorgándole la palabra a Vicente Quirarte, quien recordó a Clementina como una mujer curiosa y amante de su ocupación. “Su profesión fue la historiadora del arte, que además de cultivar los temas de su especialidad, iluminó zonas diversas del conocimiento”. Enalteció sus trabajos escritos y los describió como “ejemplo de lo que debe ser un prólogo dirigido a un público no especializado, un texto de esa naturaleza debe ser sencillo pero no fácil, directo pero cargado de intensidad, con datos que no abrumen sino tracen, casi invisiblemente, las coordenadas que determinen el tiempo y el espacio del autor” sentenció.

En turno de Fernando Serrano, habló de los muchos actores y factores que definieron la personalidad, mentalidad y acciones de Díaz y de Ovando. Ofreció una  breve biografía de ella, resaltando los más importantes y trascendentes, como el hecho de que nunca fue una feminista activa, pero logró empoderar el derecho de la mujer gracias a sus excelsos trabajos de investigación, siendo así, fue la primera mujer que formó parte de la Junta de Gobierno de la UNAM, hecho intrascendente hasta el momento.

En el video que León Portilla preparó a los asistentes, recuerda con inmenso querer a Clementina, considerándola una buena mujer y mejor amiga, narró con entrañable cariño diversas anécdotas que vivieron juntos, siendo una de éstas cuando Díaz y de Ovando tuvo una orden de aprehensión por parte de los hermanos de su marido por cuestiones de herencia; ante la incertidumbre, el filósofo e historiador le dio asilo por tres meses en una pequeña morada que tenía en Cuernavaca. Concluyó que la imagen, enseñanzas y recuerdos de Clementina Díaz y de Ovando siguen vivos a través de la Escuela Nacional Preparatoria (donde fue estudiante y docente), la UNAM, el Instituto de Investigaciones Estéticas y en cada texto y libro que proporcionó como parte de sus inmensas investigaciones.

 

 

 

No hay comentarios

Dejar respuesta